Quiénes Son
Una costurera sentada frente a una máquina de coser puede ser la imagen icónica de los talleres textiles de trabajo esclavo, pero en Ceres, una costurera que es dueña de su máquina de coser representa la alternativa a esas condiciones de trabajo.
Durante años, los integrantes de Ceres estuvieron atrapados en las degradantes condiciones de trabajo de la industria textil - trabajar horas extras por una fracción del sueldo legal, y sin contar con una opción. Luego, cuando el colapso económico argentino en el 2001 finalmente llevó al cierre de su fábrica, un audaz grupo de ex-trabajadores vio una oportunidad de reabir la planta y tomar el control de sus vidas laborales.
Lucharon mucho para ganar control legal de parte de los equipos y de la marca Ceres, y de esta búsqueda pragmática de trabajo, han descubierto que a través de la gestión democrática no solo tienen salarios más altos y regulares, sino que encontraron un sentido y una dignidad en su trabajo que no habían conocido previamente. La lucha por hacerse un lugar dentro de su industria ha sido dura, pero luego de dos años finalmente han encontrado estabilidad haciendo camisas para conductores de transportes de larga distancia, entre ellos un proyecto financiado por The Working World:La Base. Sus camisas, resistentes pero elegantes, utilizadas por trabajadores de toda la ciudad, son ahora un símbolo de su orgullo en su trabajo y la libertad de sus nuevas vidas.
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Historia
Como la mayoría de las fábricas que aparecen aquí, Ceres fue víctima del colapso económico argentino. Había llegado a ser una pequeña planta textil de buena reputación, pero quebró como tantas otras fábricas, y la mayoría de sus trabajadores se quedaron sin empleo.
Luego de años de ganar menos del diez por ciento del salario de sus contratos, los integrantes de Ceres sintieron que tenían tanto un derecho como una obligación de mantener viva la marca Ceres. Una vez que la cooperativa logró la propiedad legal de la marca y algunas máquinas, encontraron un nuevo hogar para trabajar en un tranquilo barrio de Bs As y volvieron a hacer ropa. Los primeros dos años fueron difíciles mientras buscaban clientes para su nueva fábrica, pero ahora están pisando firme. Con su proyecto junto a WW:La Base y el canal para vender al mercado mundial, están listos para expandirse.
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Proyecto con The Working World
Luego de la crisis del 2001, los trabajadores de Ceres se enfrentaron a los mismos desafíos que muchas otras fabricas recuperadas: tenían control legal de una fábrica rentable, pero carecían del capital de trabajo para materia prima. Tenían pedidos de clientes que confiaban en ellos, pero no tenían manera de cumplir.
La falta de crédito en estas situaciones tiene sentido dentro del contexto de la golpeada economía argentina, pero es un sinsentido en lo empresarial: un grupo de trabajadores capacitados y una demanda para sus productos debería equivaler a trabajo productivo.
WW:La Base le brindó a Ceres un pequeño préstamo de menos de mil dólares para comprar los materiales que necesitaban para cumplir con el mejor pedido que habían recibido en mcuo tiempo - un proyecto que, una vez concluido, les conduciría a muchos más. Luego de pagar todos los costos de producción y devolver el préstamo, este proyecto les dejaría sufiente ganancia como para comprar materia prima para otro encargo del mismo tamaño. O, si siguen necesitando crédito para satisfacer una demanda creciente y buscan un préstamo más grande como para crecer aún más, allí estará WW: La Base. En Ceres, es fácil ver cómo una inversión pequeña, combinada con un espíritu de lucha y cooperación, puede elevar a grupos de trabajadores por encima del nivel de pobreza e importencia que suele ser el destino de los trabajadores textiles bajo la globalización.
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